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La repoblación de los pueblos y el éxodo de las grandes ciudades

En el siglo XX se produjo un éxodo de los pueblos a las ciudades. Estas eran una solución al empobrecimiento de los pueblos y, poco a poco, se fue trasvasando población.

El crecimiento de las ciudades fue vertiginoso y desordenado, dejando un urbanismo que no ha sabido gestionar las nuevas necesidades, sobre todo la cantidad de vehículos que se atascan en las horas puntas para trasladar a los ciudadanos a sus trabajos, escuelas u ocio.

En esos inicios, la ciudad era símbolo de oportunidades, prosperidad y libertad: un nuevo mundo menos encorsetado y más tolerante. Vivir en las ciudades era moderno y te permitía acceder a multitud de oportunidades.

Con el paso del tiempo, las ciudades han ido creciendo y bloqueándose, siendo una fuente de contaminación, atascos y estrés. Digamos, exagerando, que vivir en la ciudad es una actividad de riesgo.

En el otro polo, la dureza de vivir en los pueblos ha disminuido y, en muchos de ellos, la combinación de las inversiones realizadas y la reducción de la población, hace que haya recursos de sobra y que falten personas para aprovecharlos.

Con la llegada de internet (y sus servicios asociados) al mundo rural, se han universalizado el conocimiento y el acceso a muchos trámites y recursos. Con las tiendas virtuales se puede comprar lo mismo, al mismo precio y en el mismo tiempo de recepción, en un pueblo de 600 habitantes que en el centro de Madrid.

Puede darse la paradoja de que cambien las tornas y «lo moderno» se convierta en vivir en un pueblo e implique una vida más sana y placentera que vivir en una ciudad.

Auguramos que muchas personas harán ese camino en los próximos años.

Mira el vídeo que hemos preparado para explicarlo.

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